Elvia Gómez

Un calor insoportable nos recibe en Puerto Thiel a eso de las 11 de la mañana. “Insoportable” para nosotros, los de San José; lo normal para ellas: las pescadoras.

Al caminar por la calle de lastre que llega hasta el pequeño puerto, entre la pequeña escuela, la cancha de fútbol y tanta vegetación, nos saluda una señora con una sonrisa tan radiante como el sol que nos ilumina.

Ella es Elbia Gómez, permisaria, pescadora y molusquera. Se levanta todos los días a las 4 de la mañana, para hacerse desayuno, cargar el hielo, jalar el motor, echarle gasolina y salir a pescar una hora después.

Depende de la marea está de vuelta a la una o dos de la tarde, o a veces hasta las 5pm. “La pesca no tiene horario ni seguridad de lo que uno va a agarrar”.

A pesar de esto, en el mar ella es feliz, le encanta andar pescando, “pero agarrar también”, dice con una gran sonrisa. Y es que a veces pescadoras como ella no capturan lo suficiente ni para pagar la gasolina que gastaron ese día, pero una mujer tan positiva como Elbia dice que “mientras venga con salud uno no importa.”

La salud es un tema importantísimo en las molusqueras, ya que su actividad las expone a constantes picadoras y raspones. Las mujeres deben ingresar al manglar lleno de barro que a veces les llega hasta la cintura.

“Ir a piangüar es bonito, pero hay una parte fea. La parte fea es meterse al barro porque se lo comen a uno las purrujas, los zancudos, los tábalos”, dice Elbia.

screen-shot-2016-09-20-at-4-30-25-pm

Ella ha pescado durante toda su vida, y espera hacerlo hasta que se muera. “Yo creo que me van a ir a enterrar allá, porque a mí me encanta el mar”, comenta con una sonrisa. “Para mí ser pescadora es algo bonito, a mí me fascina ir a pescar, me siento feliz, como una paloma cuando sale de su casa, yo me siento libre”, nos comenta mientras el día se oscurece un poco conforme llega la tarde.

Al preguntarle sobre el rol de la mujer se ríe pero de manera nerviosa, “¿puedo decir lo que de verdad pienso?” pregunta. Al decirle que sí, comenta que “los hombres sin uno no son nada. El trabajo de la mujer se necesita para pelar el camarón, filetear el producto que traen los hombres. El que desecha a una mujer es porque es machista”.

Agrega que unas son pescadoras, otras molusqueras y otras descabezadoras de camarón, pero todas tienen un papel importante en la actividad.

Dice que no hay nada mejor que andar en su panga, la cual se llama “Estrellita”. Elbia tiene muchos sueños, entre los que está tener un motor más potente, para poder ir a pescar más largo y durante más tiempo.

Elbia, como cientos de pescadoras y pescadores en el Golfo de Nicoya, desean hacer un uso sostenible de los recursos, ya que sin estos no podrían vivir. Necesitan ayuda, necesitan acompañamiento y que se reconozca el conocimiento que por tantos años de práctica pesquera han conseguido.