Carmen Pérez

img_5914Imagine esto: tiene que caminar una hora de ida y otra de vuelta, bajo el sol, para llegar a su trabajo. No manejando, en carro y con aire acondicionado. No. Caminar dos horas por día para poder trabajar.

Esta es la situación de Carmen Pérez, una señora de 38 años, mamá, molusquera y pescadora desde los 12 años.

Ella se levanta a las 3:30 de la mañana para alistar el desayuno, bañar a sus hijos más pequeños y dejar “los quehaceres” listos. Emprende su caminata de una hora para llegar al manglar a las 6.

Medias largas hasta la rodilla, botas de hule, camisa manga larga y una vicera es su vestimenta todos los días para ejercer su labor.

Y es que, como ella lo describe, tiene que meter las manos en el barro, “entre la ñanga” dice Carmen. Ahí, se puede encontrar cualquier cosa, desde zancudos hasta cangrejos. “Nos hacen las manos trizas”, dijo con una cara seria.

Sin embargo, a pesar de tener cuatro hijos y dedicar su vida a una labor tan dura, y no reconocida a nivel nacional, Carmen siempre busca superarse.

A los 38 años está cursando el sexto grado, porque nunca fue a la escuela cuando era niña. Una de sus hijas está en el mismo nivel educativo que ella. Pero a pesar de esto, ella dice que “estoy orgullosa de lo que hago”. Y cómo no estarlo, si sus propios hijos la admiran por su voluntada de educarse y salir adelante.

Ella quiere mejorar su condición, por eso pide que se reconozca la labor de las molusqueras como una importante para el país. También, pide que se regule quién tiene acceso al manglar, ya que personas llegan “cortan la raíz con machete y se llevan de todo, sin importar el daño que hace”, cuenta.

Carmen es un ejemplo de vida, de constancia, de trabajo duro y de nunca dejar de luchar por lo que se quiere en la vida.

“Mi esperanza es sacar el sexto, meterme al SINDEA, seguir estudiando y ver qué me tiene Dios destinado”