Alejandra Torres Araya

Alejandra-1

La historia de esta pescadora comienza en la fría y brumosa provincia de Cartago. Sí, ahí donde no hay océano, donde no hay arena ni playa. Ahí, Alejandra Torres conoció a quien hoy es su pareja. Un hombre de nacido y criado en Guanacaste, lugar que ella ahora llama “hogar”.

¿Cómo fue la transición de venirse para acá? Le preguntamos.

“Tan largo, dicen ustedes”, contestó ella con una sonrisa como queriéndose burlar de nosotros. “A mí me encanta vivir en Guanacaste, cuando voy a visitar a mi mamá duro 2 o 3 días máximo. Aquí es más tranquilo y más seguro”.

Alejandra es madre y compañera, pero sobre todo, y a mucho orgullo como diría ella misma: es pescadora. No hay nada que su esposo haga que ella no pueda hacer: lava el motor, “chorrea” el trasmallo, saca, abre, pone, limpia y descabeza. Lo que sea necesario para llevar el sustento a su familia.

Familia que la componen dos hijos “ya grandes”, como dice ella, y una niña. Los días de pesca Alejandra se levanta a eso de las 4:30 o 5 de la mañana, cuando aún la oscuridad opaca la luz del sol y dan ganas de quedarse 5 minutos más. Ella alista la comida y deja a la niña con su hijo mayor, quien la peina y le da desayuno para irse al kínder.

Si es un día bueno, se queda hasta las 2 o 3 de la tarde, en uno malo se devuelve a eso del medio día. Al llegar, da su pescado en el centro recibidor. Su labor está cumplida.

“Me encanta pescar”, dice con una sonrisa que delata su gozo en lo que hace. “Me siento bien porque todos los que pescamos somos como una familia”.

 

Alejandra dice que siempre hay peligros, como en toda actividad, en el caso de ellos es el viento, cuando hay mucho viento afecta su faena. También, la rayería les afecta mucho y los hace devolverse o no los deja salir a pescar.

Sin embargo, eso no hace que pierdan la esperanza de que al día siguiente las cosas serán mejores y podrán traer el sustento para sus familias.

Ella es parte de las pescadoras que están conscientes de que el recurso hay que cuidarlo, de que se puede trabajar hacia un uso sostenible de lo que les da de comer.

Es por eso que ella integra el grupo de mujeres de la Red de Áreas Marinas de Pesca Responsable, que dentro del proyecto REBYC II-LAC de FAO, buscan darle una importancia al género femenino dentro de la pesca, y reconocer la gran labor que realizan. Esto mediante proyectos generados dentro de la misma comunidad para el empoderamiento de las pescadoras hacia una pesca sostenible.

Alejandra se despide con una sonrisa, un poco tímida, pero sonrisa al fin, mientras se alista para hacer lo suyo durante la tarde, hacer eso que tanto ama, que la hizo dejar su tierra y su familia y mudarse a un lugar lejano, con clima diferente, eso que la hace sonreír y levantarse temprano todos los días. Ella va a ir a pescar.